Tengo 34 años… mi madre casi 77 añitos este próximo 12 de
marzo… la memoria a corto plazo se fue y la mía sigue en pie, intentándola
hacerla recordar cosas simples… ese gato negro que ve pasar por la sala es su
gato, el Pingo o Bingo… ella lo adoptó un día que caminaba por la ciclopista,
al lado de su casa, ahí donde años antes pasaba el ten a Cuernavaca… a mi de
repente me confunde con su hermana Gloria y después vuelve a verme y me dice: 'qué gusto verte, mi chiquita'…
Después de su cumpleaños, el 14 de marzo ingresará a una
residencia y yo aún siento que no le estoy hablando con la neta, con la verdad,
para qué ocultárselo por qué no, consultárselo?... no lo sé, las voces expertas
dicen que es mejor así, no decírselo pues sería una angustia para ella, una
angustia que se le olvidará a no sé cuántos minutos… y cómo saber si es mejor
así o sólo complicará más las cosas…
No sé si elegí la correcta… el contrato de ésta no asegura
nada, más que una habitación cómoda… confiar, dice mi abogado, ¡al pedo!, confiar
en qué, en mi instinto cada vez más desgastado con su enfermedad y los amplios
abusos de confianza cometidos por personas contratadas por mi?, confiar en qué?
En que ‘todo saldrá bien’? qué es ese TODO??, confiar… sólo queda confiar… si
es que aún me queda un poco de confianza en todo este proceso…
No quiero equivocarme!, quiero un día libre en el cual pueda
descansar de su proceso de olvido… cada día olvida un poco más, de forma
aleatoria, no se sabe, en cada momento, qué es lo nuevo que olvidó…
La residencia es un descanso???... por favor díganme que
sí!... estará mejor cuidada que en la casa, con mejor calidad de vida??? Por favor,
díganme que elegí bien!, que no me fui de nuevo con la pinta, con eso de que
pinta bien!... Esa es la mejor elección???... no lo sé!...
Ayúdenme a CONFIAR…







